Los cuentos inacabados...

...Y que por tanto dependen de ti y de los demás visitantes.

Envía algún texto, aunque sea una línea, cuatro palabras,

que puedan continuarlos hasta que entre todos

les hallemos un fin, más o menos feliz.


 

EL PRÍNCIPE CENIZO

 

En un país muy lejano vivían un vez unos reyes que tuvieron un hijo

cenizo. O sea, que daba mala suerte a quien lo tocaba, miraba o

hablaba con él.

Cuando los reyes se dieron cuenta, pidieron consejo a los magos

del Reino. Y estos les dijeron:

Majestades, se trata sin duda de alguna maldición...

 

Y en verdad sí que era una maldición creada

por un duendecillo que no quería ver a los niños

felices. La única manera de acabar con la maldición

era que EL PRINCIPE CENIZO tuviera un hijo con una mujer

pobre que viviera en el bosque.

Por eso al infeliz principito le toco esperar

muchos años para crecer y conocer a una encantadora mujer

a la que no hiciera daño la maldición...

(Aportación de Fabián González)

(continúalo tu...)


 

LAS HIJAS DE LA LEÑADORA

 

Había una vez una leñadora viuda que tenía tres hijas.

La mayor se llamaba Cosmética

y era la que mejor utilizaba el hacha.

La del medio se llamaba Silvestrina

y conocía el bosque como la palma de su mano.

La pequeña tenía por nombre Vagamunda

y era la más perezosa,

siempre que podía ponía alguna excusa

para no ir a cortar leña

y quedarse en casa al calor de la lumbre.

Cuando la madre envejeció y se puso enferma,

sabiendo que iba a morir, llamó a las tres hijas y les dijo:

-Dentro de poco tendréis que arreglaros sin mi.

Así que he decidido hacer testamento.

A Cosmética le dejo mi hacha.

Silvestrina será la dueña del bosque.

Y Vagamunda se quedará con la casa.

Las tres protestaron. Dijo Cosmética:

-¿Y paras qué quiero un hacha si no tengo bosque

en el que talar ni casa a la que regresar?

Dijo Silvestrina:

-¿Y para qué quiero un bosque si no tengo hacha

para talarlo ni casa en la que refugiarme?

Dijo Vagamunda:

-¿Y para qué quiero una casa si nadie va a traer nada

para calentarla y alimentarme?

La madre, haciendo un esfuerzo, añadió:

-Si permanecéis siempre unidas,

seguiréis siendo una sola familia

con hacha, con bosque y con casa. No lo olvidéis.

La madre murió

y durante un tiempo las cosas no fueron mal.

Hasta que las hermanas se fueron casando...

COSMÉTICA, QUE TENIA EL HACHA,

SE CASO CON UN LEÑADOR QUE ERA UN HOMBRE MUY CARIÑOSO.

SILVESTRINA LA DEL BOSQUE

SE CASO CON UN GUARDABOSQUES QUE LE ENSEÑO

A CUIDAR Y AMAR TODAS LAS COSAS

Y ANIMALES QUE HAY EN ELLOS.

VAGAMUNDA SE CASO CON UN VAGO

QUE NO SABIA NI QUERIA TRABAJAR,

ENTONCES SUS DOS HERMANAS, QUE ERAN FELICES,

RECORDARON LAS PALABRAS DE SU MAMA

Y AYUDARON CON MUCHO AMOR A VAGAMUNDA.

                                      (Aportación de WANDA)

 

Vagamunda sintió el gran amor que sus hermanas tenían por ella

y se dio cuenta de lo mal que hacían ella y su marido

al no querer trabajar ni colaborar con sus hermanas en las tareas de casa.

Esa noche, mientras Vagamunda dormía,

un duendecillo del bosque se coló en su habitación

y le susurró al oído: –Vagamunda, Vagamunda,

mañana di a tus hermanas que quieres cambiarles

la casa por el hacha y por un trozo del bosque,

para así aprender a trabajar como ellas lo hacían…

Dicho y hecho,

a la mañana siguiente las hermanas aceptaron el cambio

llenas de alegría por el gesto de su hermana.

Al que no le gustó nada el asunto

fue al marido de Vagamunda,

que no estaba dispuesto a tener que trabajar en el bosque...

(Aportación de MANUEL)

 

Así, cuando Vagamunda decidió comenzar a trabajar

y le pidió a su marido que la acompañase,

este se negó diciendo:

- No me metas en tus asuntos! Yo soy tu marido

y te quedaras aquí conmigo descansando como siempre.

Éstas palabras no le gustaron nada Vagamunda:

- Bien, si no quieres trabajar por ti,

ni por tu propia mujer, lo haré yo sola.

Y diciendo esto se dirigió sola al bosque.

Allí descubrió un mundo nuevo, un mundo distinto,

un mundo lleno de vida y felicidad.

Cuando quiso talar el primer árbol,

descubrió muchas criaturas que tenían su hogar allí,

y no se atrevió más que a correr a otro árbol.

Allí descubrió lo mismo,

y sucedió otro tanto cuando corrió al tercero,

y al cuarto, y al quinto, y al...

Vagamunda estaba confundida, no sabía qué hacer.

Estuvo pensando mucho tiempo,

hasta que al fin reaccionó

tirando el hacha al río más cercano.

Después, al pensar en ello,

supo que el bosque iba a ser su nuevo hogar.

(Aportación de CAROLINA TIZNADO G.)

 

Cierto dia aparecieron tres hermanos  

llamados BOMBETE, PETARDO Y CLAVIN.
Su padre les había dejado en herencia  

a BOMBETE un tractor; a PETARDO un rebaño

de ovejas y para CLAVIN un afilador de hachas.
Los tres hermanos se juntaron con las hijas de la leñadora;
Por lo que hablaron a todos les hacía falta

lo que cada uno tenia;
Hicieron un pacto para vivir todos juntos.

Al  cabo de 5 años como las cosas iban funcionando

VAGABUNDA se caso con PETARDO;

SILVESTRINA con BOMBETE

y COSMÉTICA con CLAVIN.  



(Aportación de MARISOL OTERO, JAVIER LAMA y LEYRE PEÑA)
 

FIN


PERDIDA EN EL HIPERESPACIO

 

En cierto lugar del hiperespacio apareció una vez

una página web hermosísima, repleta de historias,

cuentos, gifs animados y sin animar, links de todos los colores...

Aunque sin un solo banner. Y era lógico:

¿quién iba a querer anunciarse en ella,

si no tenía ni nombre,

si carecía de padres o autores conocidos?

La linda página era huérfana:

nadie, ni ella misma, sabía de dónde había salido.

Y navegaba sin rumbo ni destino

por la inmensidad incolora del hiperespacio...

 

Un día, un niño navegando por internet

encontró la página huérfana.

Le gustaron tanto sus historias

que recomendó a todos sus amigos la Página Perdida...

(En rojo, la aportación de Pepe)

Uno de sus amigos era Paco.

Paco nunca había leído un cuento;

su vida era un continuo juego de videoconsolas y de televisión...

hasta que vio aquella página.

Entonces descubrió que las pálabras eran mágicas,

que ese "llamero" le recordaba al llanero solitario

que vio de niño, allá en Sanabria, en casa del abuelo,

que aquella mariposa volaba

como la de la game boy pero además era gratis...  

(En verde, la aportación de Manu)

Y descubrió que los libros eran la llave

para entrar en un nuevo mundo,

el mundo de la fantasía

donde no es necesario un joystick, una playstation

ni nada superfluo para poder viajar.

Se levantó y miró entre los libros de su padre

y encontró uno que se llamaba

"El Guardián entre en Centeno"...

Era la llave que buscaba.

(En rosa, la aportación de Marta Moreno)

 

…Un día, encontró la página  una persona “adulta”

pero que añoraba tanto su niñez,

que decidió olvidar la edad que tenía

y volver a volar con su imaginación a un mundo

donde no existieran los “problemas de mayores”,

donde hablaran de hadas, de duendes y de cosas bonitas.

Comenzó a leer lo que en ella escribía

“El Llamero Solitario”,

porque hacía muchos años escuchó hablar de él

a un señor mayor, que llevaba su apellido, sin recordar

su parentesco. Le contaba historias, le contaba cuentos

y le mostraba la prensa, que guardaba con cariño.

No sabía como empezar, pues había dejado

su afición  por la escritura, cuando con quince años,

le “impusieron” ser adulta. 

Pensó en pedir ayuda, comentárselo a su hijo,

que con sólo ocho años, escribía fantásticos cuentos.

Pero su hijo no estaba, daban comienzo las vacaciones,

que como en anteriores años, las pasaría en otros lugares.

Así que ni corta ni perezosa, abrió el “bloc de notas”,

dejó que sus pensamientos, se posaran en las teclas,

y deslizando sus largos dedos, tecleó

y hasta aquí escribió su cuento.

En azul la aportación de Carmen


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